BUENOS AIRES: Historias de vida de docentes rurales

 En General Pueyrredon hay tres escuelas primarias y dos jardines rurales que trabajan con plurigrados. Las protagonistas de uno de ellos relatan cómo es el trabajo diario en el medio del campo.

En el Paraje Santa Isabel, en medio del campo, están la escuela provincial 17 y el Jardín de Infantes Rural de Matrícula Mínima Nº 2. Allí conviven, como una gran familia, dos directoras, portero, cocinera, auxiliar, profesores de Educación Física, Música e Inglés, y poco más de 12 alumnos. Son pocos porque es una escuela y jardín con plurigrados, donde los chicos de Primaria están todos juntos al igual que los de Jardín, y son las docentes quienes van brindándoles a cada uno los contenidos acordes a sus edades y necesidades.
María de los Ángeles Caivano y Gladys Alicia Rossi son las cabezas de este proyecto que tiene características especiales y que en General Pueyrredon se replica en dos puntos más de la ciudad: Las escuelas 11 del Paraje Las Hermanas de Ruta 226 km 26, y la 30 del Paraje El Siglo de Ruta 88 km 26 que junto al Jirimm N° 1, tienen la misma metodología.
Es lunes y las docentes abandonaron el Paraje cerca de las 13, después de que los chicos terminaran el almuerzo y los padres que a diario los llevan y luego buscan, hagan el habitual intercambio de las novedades del día. "Somos una gran familia", aseguran Caivano y Rossi. La primera hace 11 años que se desempeña como directora y docente, mientras que la segunda hace unos 5. Ambas eligieron ir a un establecimiento rural, sabiendo que los desafíos no eran los mismos, y las recompensas tampoco. "No nos imaginamos en otra escuela. Las dos pasamos por establecimientos de la ciudad pero a esto no lo cambiamos por nada", aseguran. Antes de la entrevista María de los Ángeles fue a buscar los alfajores que entregan a los chicos, mientras que Gladys también fue a hacer un mandado para la escuela. "Por los general todos los días tenemos trámites que hacer después de la escuela. Ya sean cuestiones administrativas en el Consejo Escolar, o hacer diferentes mandados para llevar al día siguiente a la escuela", comentan. Es que al estar alejada de la urbe por unos 25 kilómetros, todo se debe prever y nada puede quedar librado al azar.
Las docentes sienten que hay un compromiso que va más allá de la cuestión educativa. Es que al ser pocos los alumnos, todos se conocen, y los problemas y necesidades de las familias son de todos. "A la escuela van chicos de estancias de la zona, tambos y en último años de algunos invernáculos", explican. "Todos hacen un gran esfuerzo para concurrir a diario por eso nosotros cuando hay paro vamos igual, sentimos que sino los estamos defraudando, porque ellos también siempre están", dicen.
Características
La escuela Primaria tiene 7 alumnos entre los que hay uno de 1er grado, uno de 2°, otro de 3°, uno de 4°, dos de 5° y uno de 6°. Mientras que el Jardín atiende chicos de 2, 3, 4 y 5 años. Ambas coinciden que la falta de transporte público redujo mucho la matrícula por eso siguen bregando para que en algún momento llegue un transporte escolar o micro de línea a la zona, y le facilite el acceso a los chicos.
Trabajar con plurigrados o sala multiedades es uno de los mayores desafíos de este establecimiento en el que no sólo están todos juntos, sino que en la que los espacios físicos son acotados. "Son plurigrados donde hay atención específica a la diversidad con diferentes agrupamientos de acuerdo a los ciclos y grados que concurren, y a las posibilidades y ritmos de cada alumno", explican.
Gladys dice que el desafío es diario porque "hay que planificar para todos, la atención está más repartida y hay que ir ajustándose a las necesidades diarias". Pero a su vez aseguran que este sistema colabora con el aprendizaje. "El más grande ayuda al que no está alfabetizado. Se logran cosas hermosas. Los ves despertar en el interés, la búsqueda, el apoyo del otro y eso es lo que uno busca", agrega.
Para María de los Ángeles otra cosa que distingue a este tipo de establecimiento, es que para las familias que envían allí a sus hijos, "la escuela rural sigue siendo un referente importante". Dijo que allí se siguen conservando valores que "quizás en una escuela de la ciudad son difíciles de conservar". Asimismo asegura que "la figura del maestro, del profesor y quienes forman la comisión cooperadora, todos bregan para que la escuela pueda estar cada día mejor y los nenes tengan lo que necesitan". Por eso ambas no dudan en afirmar que "la escuela rural todavía tiene un lugar importante en la comunidad". Y que "muchas veces estamos necesitando cosas que acá son cotidianas y que a nosotros nos lleva mucho tiempo conseguirlas, pero nos reconforta saber que podemos hacerlo igual con los poquitos que somos y los recursos escasos que tenemos".
Salidas e innovaciones
Con la consigna de darles a los chicos las mismas oportunidades que tiene un escolar de la ciudad, la escuela y el jardín llevan adelante un proyecto de articulación a partir del cual organizan actividades para hacer salidas educativas a la ciudad. La pileta cubierta del CEF donde los chicos hacen actividades de aproximación a la natación,el shopping, el centro de educación vial, el Museo de la Base Naval, son algunos de los espacios que visitaron. "Son aprovechamientos didácticos que hacemos que para las familias muchas veces son difíciles de realizar", comentan las educadoras y agregan: "Uno los trata de acercar a las motivaciones que tiene la cultura como cualquier chico de la ciudad porque es un desafío que no se queden solamente con lo que sucede con la vida en torno al campo".
En la escuela, cuyo edificio fue declarado de Interés Arquitectónico y Paisajístico por la Provincia de Buenos Aires, también se llevan adelante otras actividades tendientes a no dejar afuera a los chicos de lo que sus pares tienen acceso en la ciudad. Para ello trabajan con videos de historia, arte, entre otras cosas, los que ven gracias a las notebooks que las maestras llevan. "No tenemos internet ni estamos incluidos en ningún plan de alfabetización digital", dicen con lástima pero con la esperanza de que pronto serán incorporados y los chicos podrán disfrutar de los beneficios de la conexión a internet. Sí tienen teléfono, una heladera con freezer que es muy importante porque el proveedor va una vez cada 10 o 15 días, y algunas otras cosas que van obteniendo gracias a la cooperadora y la buena predisposición que todos ponen. "Con motivo de los 100 años de la escuela que fue hace 5, se conformó una cooperadora que también cuenta con ex alumnos aparte de padres, así que con ellos podemos ir haciendo cosas importantes", dicen. A pesar de esto, siempre esperan que llegue ayuda con la entrega de mobiliario y que se concreten arreglos edilicios que son muy necesarios. "Somos escuchados por nuestros inspectores en lo pedagógico, pero nos cuesta mucho tener por ejemplo mobiliario y que se concreten arreglos edilicios que son tan necesarios", explican.
Las dos educadoras no se imaginan en otra escuela, quieren jubilarse en estos establecimientos rurales que tantas alegrías les generan. "Una vez que lográs estar en el campo no querés volver. Obviamente te tiene que gusta e interesar este tipo de trabajo que implica nuevos desafíos y es totalmente distinto", asegura Gladys. Entonces recuerda que cuando desembarcó en el Jirimm ya tenía 29 años de servicio y un desafío pendiente que ahora está cumpliendo.
"Uno llega a compenetrarse tanto con cada alumno porque lo conocés en sus particularidades, sus vivencias, orígenes y la lucha de la familia de cada día, que llega un momento que se los siente un poco parte de esta gran familia", afirma emocionada María de los Ángeles. Y agrega: "Acá sos parte de todo y tenés que hacer todo lo posible para que cada uno de los chicos tenga una trayectoria escolar lo mejor posible".
Hoy la historia de estas dos maestras rurales es una más entre las miles que a diario construyen los docentes en la difícil pero gratificante tarea que es educar.
FUENTE: Diario La Capitalmdp

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