Maestros ilustres que hacen escuela

María Alejandra Acevedo trabaja en un pueblo aislado de Corrientes. Osvaldo Segovia es maestro wichí en Formosa. Alfredo Fantini busca integrar la comunidad en una agrotécnica de La Pampa. Sus trayectorias fueron algunas de las premiadas.



María Alejandra, Alfredo y Osvaldo son maestros hace más de una década. Sus trabajos no se limitan a lo que sucede en el interior del aula, sino que trascienden el espacio físico de la escuela. Desempeñan un papel fundamental en la comunidad en la que viven, interviniendo y atendiendo sus necesidades. Estos tres educadores y otros 19, cada uno en representación de una provincia, fueron reconocidos ayer por el Ministerio de Educación como Maestros Ilustres 2010, en el marco de un nuevo festejo en el que se conmemora su trabajo.

Hace 15 años que María Alejandra Acevedo está al frente de la escuela rural Nº 442, ubicada en un paraje llamado Ahoma, en el departamento correntino de Empedrado, a más de 50 kilómetros de la capital provincial. En esta escuelita, ubicada en un pueblito muy humilde y en el que la mayoría de los adultos son analfabetos, trabaja ella sola, por eso la institución tiene el rótulo de personal único. Recién hace muy poco tiempo lograron la incorporación de un portero. Alejandra es mamá de cuatro niños, y ese papel combinado con el de maestra también lo ejerce con sus 22 alumnos, que aprenden agrupados en un solo curso con edades muy diversas, desde cuatro hasta 18 años.

A través de distintas geografías y sin importar las condiciones caprichosas del clima, los chicos caminan una hora y media para llegar a la escuelita alrededor de las 8, a tiempo para el desayuno. También lo hace Alejandra, que camina 12 kilómetros a la ida y otros tantos a la vuelta, cuando no tiene la suerte de toparse con algún vehículo que permita hacer más rápido el trayecto.

Los chicos no faltan casi nunca porque la escuela es el único nexo social que tienen. Sus familias son muy pobres, la mayoría de los padres son analfabetos o tienen problemas con el alcohol”, contó a Página/12 la docente correntina, por citar sólo un ejemplo. Ella tiene el fundamental papel de trabajar para transformar algunos hábitos de esa pequeña comunidad y busca crear un cambio, por ejemplo en la higiene. Entre sus tareas diarias, María Alejandra trabaja en el desarrollo de una granja y una huerta como herramientas para la comunidad.

Como esta docente, destacada como maestra ilustre por la provincia de Corrientes, “muchos enfrentan estas difíciles situaciones. Me siento orgullosa de recibir este reconocimiento en representación de todos ellos”, expresó. Para Osvaldo Segovia, maestro wichí, también es “un honor y una responsabilidad enorme” representar a los alrededor de 18 mil docentes que trabajan en la provincia de Formosa.

El contexto en el que ejerce la docencia, Osvaldo tiene varios aspectos en común con el de María Alejandra. El valor que tiene la escuela para los chicos de su pueblo, El Potrillo, ubicado a 600 kilómetros de la ciudad de Formosa, es vital. “Quizá ves a un chico que va a la escuela descalzo, pero no falta”, resaltó el maestro a fin de graficar el papel de la institución en la comunidad y de las dificultades con las que se deben enfrentar a diario.

Osvaldo es maestro especial para la modalidad aborigen hace 12 años. El Potrillo es un pueblo de alrededor de tres mil habitantes, la mayoría de ellos son indígenas y el 15 por ciento es población criolla de zona rural. De esta forma, la educación intercultural bilingüe, en la que se rescata la lengua indígena, es un aspecto crucial para la integración entre los dos sectores. Y en eso trabaja a diario. El maestro wichí contó que su vocación hizo que algunos aspectos de su vida personal quedaran a un costado por un tiempo. Por ejemplo, “la cultura wichí determina que el niño deja de serlo para ser hombre, jefe de familia. Yo tuve que romper con ese mandato cultural” para poder desarrollar su profesión, explicó.

Muchas veces los docentes trabajamos frente al aula y en otros tantos problemas que tiene la comunidad, somos como un nexo”, aseveró Osvaldo. Con sus 22 años de experiencia en la profesión, Alfredo Fantini también buscó formar un vínculo entre su escuela, la agrotécnica de la localidad de Guatraché, ubicada a 170 kilómetros de la capital pampeana, y la gente de la comunidad, fomentando diversos proyectos que los alumnos de-sarrollan por fuera de la escuela, como tareas comunitarias, festivales, programas de radio, entre otros. Desde 2007, como directivo, trabaja en un proyecto para promover la integración, inclusión y permanencia de los jóvenes en la escuela. A través de este trabajo se incentivan distintos aspectos: “Los chicos sienten que tienen su lugar dentro de la escuela y que pueden participar”, afirmó. Además, se crea el contexto para que ellos puedan terminar sus estudios. “Cuando yo asumí la escuela tenía 47 alumnos, hoy tenemos 129. Entre ellos recibimos chicos de todo el país, y ha aumentado considerablemente la matrícula de chicos de nuestro propio pueblo, algo que se había perdido”, señaló.

Informe: Rocío Ilama.
FUENTE: Diario Página/12

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