Futuros maestros rurales desarrollaron su pasantía en Santiago del Estero

Estudiantes se nutrieron del modelo alternativo del Mocase

Alumnos avanzados y docentes de las escuelas Alberdi y Almafuerte llegaron hasta Santiago del Estero para experimentar la realidad de una comunidad que resiste y se consolida sobre prácticas y conocimientos ancestrales que se contraponen a los impuestos por este sistema económico; en definitiva, experimentaron otra forma de educar y de vivir.

En una iniciativa promovida por la comunidad educativa de las escuelas Alberdi y Almafuerte, un contingente integrado por educadores y alumnos del nivel medio y del profesorado de docentes rurales concretaron un intercambio con los integrantes de la escuela agro-ecológica del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase). La experiencia la desarrollaron en la localidad de Quimilí, ciudad cabecera del departamento Moreno, al noreste de Santiago del Estero, distante unos 200 kilómetros de la capital provincial, y con una población de alrededor de 11 mil habitantes.
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.Estuvimos tres días compartiendo junto a ellos y pasantes de Francia, Italia, Brasil, España, Guatemala, más organizaciones y estudiantes de Rosario, Córdoba, Buenos Aires y Mar del Plata que también están haciendo sus pasantías, en un campamento conviviendo con las comunidades que están en distintos lugares de Santiago del Estero y que conforman el Mocase y resisten el desalojo que le quieren hacer permanentemente”, destacó el profesor Manuel Ramat en el inicio de su charla con EL DIARIO.
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Según explicó, la idea de llevar a cabo esta vivencia tiene, por un lado, el objetivo de acercar a los alumnos para que convivan con la realidad de estas personas “que se reconocen pertenecientes a los pueblos originarios, con una fuerte tradición cultural de valoración de su costumbre y de su patrimonio”, subrayó; por el otro lado, el propósito es que los futuros educadores rurales y en otros casos técnicos en producción agropecuaria, puedan conocer un modelo alternativo “que no daña el ambiente, que respeta la naturaleza pero por sobre todo que tiene un profundo respeto por la persona”, enumeró Ramat.
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.Todo esto lo pudimos experimentar conviviendo tres días y teniendo las mismas necesidades de comida, agua y confort; donde además vimos de cerca su resistencia y compartimos la vivencia de quienes son detenidos y golpeados por defender lo suyo”, narró.
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EXTENDER LA PRÁCTICA.
A partir de la práctica realizada en Santiago del Estero, los docentes involucrados en la iniciativa le propusieron a la directora de la Facultad de Humanidades de la Uader sistematizar y formalizar este intercambio de manera que se instituya una pasantía para articular con el Mocase, que va camino a la conformación de una Universidad Campesina que ya la están construyendo en Ojo de Agua, una localidad situada en el límite entre Santiago del Estero y Córdoba; donde además van a crear su propia Escuela de la Salud, “sobre todo porque son discriminados y en muchos casos les niegan atención médica por pertenecer al Movimiento, entonces quieren crear su propio sistema de salud para solucionar este problema”, apuntó Ramat.
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En consonancia con ello, el docente enumeró los proyectos sobre los que está avanzando el Mocase, entre los que destacó la conformación de un herbario que rescata y preserva las hierbas medicinales y el saber ancestral de los indígenas en cuanto a su poder curativo; en la misma dirección, crearon un banco de semillas para preservar la diversidad biológica, cultivando y guardando todas aquellas semillas que desde hace siglos sus antepasados han venido utilizando; la creación de una Escuela de Derecho es otro de los grandes propósitos, “porque son grandes conocedores y defensores de sus derechos, y no dejan que los avasallen”.
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APRENDER.
En diálogo con esta Hoja, dos de los alumnos avanzados en magisterio ahondaron en su vivencia y rescataron la experiencia lograda.“Nosotros ya estamos adelantados en la carrera y a pocos meses de graduarnos como maestros rurales fue un experiencia profunda, que por nuestra orientación se torna más gratificante aún, en el sentido de tomar contacto con otra realidad, otra práctica y defensa de la tierra, con un sistema de producción mucho más humano”, enfatizó en su relato Leandro Taborda.
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.Asimismo, hizo hincapié en el constante avasallamiento que sufre toda esta comunidad, donde hay dos fuerzas antagónicas que dividen pero se involucran; porque hay niños que pertenecen a familias que militan en el Mocase pero deben acudir a la enseñanza sistemática.
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Nosotros ubicamos desde nuestro lugar de formación a la escuela en ese contexto y vimos que está bastante desdibujada, precisamente por tener una política contraria al Mocase”, precisó.
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Para ahondar más en este concepto, se refirió a lo que el Mocase denomina “educación bancaria”, un aspecto muy cuestionado porque ubica al alumno como un mero depositario de saberes, pero imposibilitado para participar en la construcción del conocimiento. “Si ellos cambian ese sistema y son seguidores de la educación popular, con fuertes lazos con el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil; al tiempo que plantean la pedagogía de la alternancia, esto es: dar clases en la escuela una semana y tres semanas en su comunidad realizando tareas para que los alumnos puedan multiplicar experiencia en las comunidades entre quienes no pueden llegar a esa instancia”, argumentó.
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La idea principal de esta experiencia fue mostrar que hay otra forma de educar, de producir y de vivir, que quizás no produce tanta rentabilidad pero sí genera un profundo respeto por la naturaleza, la sustentabilidad”, distinguió finalmente Manuel Ramat.
FUENTE: El Diario

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